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Mi Odalisca

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Mi Odalisca
22/2/2015

Mi Odalisca de nombre compuesto por santo sin apócope, rey de carnívoros y vocablo indígena de la primera tribu que cobijaste. Muchos años hace ya, más de cuatro y por cien, que te nombraron con esa mezcla de beato , animal e indio.
Tienes muchos apodos, yo me encanto con el que te regaló el poeta Juan Antonio Pérez Bonalde y por eso te llamo así, mi Odalisca, pues me resulta más fácil para declararte mi amor, mi pena y mi dolor. Ya que no sólo te has rendido a tu Sultán, sino a todos los que, año tras año, dependemos de ti como terruño.
Unos te vieron roja desde el cénit y otros, los más románticos, sintieron que su Dios, a veces, despacha junto a ti.

Hay quienes refieren tu testimonio de escuchar los primeros gritos de vida de los que luego serían llamados Libertadores, a los que ayudaste con ejemplo, y que a diario nos los recuerdan cantado, para animarnos a emularte.

Tanto tiempo ha pasado y quedaron en medio luto o en borrosa sepia los registros de tu viejo parecer.

Tanta y tanta agua ha corrido por el paralelo surco que te divide, otrora cristalino. Hoy oscuro, turbio y pestilente. Fiel testimonio de la indiferencia de quienes tienen el deber de amarte y preservarte.

La túnica de tu Sultán aún nos impacta a pesar de los múltiples zurcidos y remiendos, fruto de inescrupulosos actos de piromanía.

Cómo has cambiado o cómo te hemos cambiado. Habitándote sin compasión, con la cómplice conducta del desdén, sin darle espacio a lo colectivo, a lo compasivo.

Te ahogamos con humo, te ensordecemos y te manchamos con nuestra propia sangre, porque te habitamos de prisa, con miedo, sin reflexión, sin disfrute, sin gratitud ni dolor.

¿Qué hay que esperar?
¿A qué Dios le pida a la tierra que grite desde sus entrañas, te quiebre en dos… y volver a empezar?

¿Hacer como los Mayas, abandonarte cuando ya estés seca, sin savia, estéril y podrida…. que tu Sultán se apiade de ti y te arrope con una manta de verde vegetal que se enrede entre el hierro y el concreto de tu urbe y que solamente se escuche el silbido de tus vientos encontrados?

¿O que una virulenta cepa capaz de generar una epidemia en todos los que colocamos los pies sobre ti, nos infecte con un virus que fomente voluntad para hacernos cargo de tu mal, recuperarte y darte el respeto que te mereces. Devolverte en cuidado todo lo que has brindado?

Mi Odalisca, que tu dolor nos duela porque ya es momento para abandonar la desidia.

Y si esto no sucede Mi Odalisca, yo te pido perdón porque fuera de tus límites me siento forastero y por eso deseo morir aquí y dormir el sueño eterno dentro de ti.

¡Ojalá que las cosas cambien y que mi Dios vuelva a despachar, alguna vez, desde aquí, junto a ti…!

Roy Rizo
Un humilde vendedor de tu belleza

«Caracas, allí está, vedla tendida
a las faldas del Avila empinado
Odalisca rendida
a los pies del Sultán enamorado»
Juan A. Pérez-Bonalde